Éste es el mensaje/reflexión que la Real Liga Naval Española en Castilla-La Mancha quiere hacer llegar a sus miembros y simpatizantes.
En ese recorrido inexorable del tiempo acabamos de comenzar una nueva estación climatológica que, con frecuencia, suele ser en nuestras tierras manchegas un largo y gélido invierno; y, hasta a veces, con las típicas navidades blancas, tal es el caso de las que tuvimos en la Navidades de 2009 y la primera quincena de enero 2010
En algún sitio tengo escrito que es en la época navideña cuando recibimos felicitaciones de todo tipo y en las que es muy difícil ser original pues, las más de las veces, todo está dicho y requetedicho; otras, aunque no pasan de su mediocridad, hay que agradecerlas cuando vienen de esas buenas gentes que guardan un mínimo de respeto hacia nosotros. En ellas pienso especialmente a la hora de hacer estas reflexiones que deseo convertir en la felicitación navideña en representación de la RLNE en esta Comunidad.
Quienes me conocen y me tratan, ya sea a diario u ocasionalmente, son conocedores de mis actitudes hacia los sentimientos en los que no me canso de repetir que para amar y convivir es básico contar con una buena dosis de respeto. Cuando lo hay, el éxito en el "acoplamiento para la convivencia" está asegurado, así llamo al cariño, afecto, amor en las edades maduras pese a que las mariposas estomacales estén aletargadas. Por eso, el primer efecto del amor es inspirar un gran respeto; si bien, se siente veneración por quien se ama, el respeto por los otros es la primera condición para saber convivir
En las edades maduras/avanzadas, las que los ingleses llaman madure people, que cuentan con un cúmulo tonelaje de experiencias vividas, las cuerdas que amarran el respeto de unos por otros son, en general, cuerdas de necesidad. Es más, el respeto mutuo implica la discreción y reserva en la ternura; y en el cuidado de salvaguardar la mayor parte posible de libertad de aquellos con quienes se convive.

Recordemos cómo los erizos - en sus madrigueras- se juntan unos con otros para darse calor pero... ¡en la medidas que sus púas se lo permiten!. Por eso prefiero tener más el respeto que la admiración de las personas. Sin embargo, debemos evitar lo que acontece a los soñadores que confunden el desencanto con la verdad y el que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte la fuerza de la persuasión. En realidad, la atracción o el afecto no son más que simpatía de la costumbre.
¡Ay, recuerdos, recuerdos...!, Es lo que me hace recordar al poeta "(...) ¡ay!, memoria mía que me traes los dulces recuerdos del placer perdido...". Y evoco, ahora, a mi escritora romántica favorita (su pseudónimo fue el varonil de George Sand y su nombre verdadero Aurore Dudevant). Ella siempre insistió en que una mujer llega a la convicción de que es amada más por lo que adivina o intuye que por lo que le dicen por lo que cuanto más amamos a alguien menos conviene halagarle. ¿Se exceden algun@s en sus valoraciones?. Creo que no, lo que ocurre es que, al igual que le sucedió a aquel marino que se quejaba de no tener viento favorable, nunca lo hay para el que no sabe dónde va; y si no sabes dónde vas, acabarás en otra parte. No hay ningún viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige. Ojalá no sea nunca el caso particular de cada uno de nosotros y encontremos siempre en nuestro devenir humano nuevos caminos, nuevos amigos y, en cualquier caso, mejores que los que hemos tenido, por supuesto.
Claro que la novedad atrae la atención y aún el respeto, pero la costumbre lo hace desaparecer pronto; apenas nos dignaríamos a mirar el arco iris si éste permaneciese por mucho tiempo en el horizonte. Es por ello que la costumbre disminuye la admiración lo que da lugar a que una mediana novedad suele vencer a la mayor eminencia envejecida.

Con mi deseo y mi respeto hacia tu persona y porque tengas la felicidad anhelada e inconseguida termino con unas palabras de Juan Pablo II: el RESPETO a la vida es fundamento de cualquier otro derecho, incluidos los de la libertad. Tampoco olvido, mi respeto hacia algunas cosas del marxismo que, aunque muy pocas, son muy válidas: el obrero tiene más necesidad de RESPETO que de pan.
Te recuerdo mi estandarte, por bandera LA PAZ, y por patria LA LIBERTAD. Mis deseos, en este ya imparable invierno, de PAZ, LIBERTAD Y FELICIDAD.
Un abrazo de quien siempre camina en pos de una esperanza esperanzada que conduce hacia esa ilusión ilusionante que es el motor que nos mueve en nuestro devenir humano.
Ricardo